
La cultura no requiere pasar por ningún tipo de aduana o certificación para ingresar a la universidad. Una y otra se retroalimentan en la fusión de proyectos compartidos que expresan los sueños de una sociedad y la medida de sus aspiraciones. Desde hace siglos, el espacio universitario se configura como un nicho creativo de la civilización, la civilidad, los derechos y las libertades. Las profundas y aceleradas transformaciones que atraviesan el país y el mundo en los ámbitos de la política, la sociedad, la economía y la cultura demandan la reflexión y construcción de nuevos escenarios, en los que el compromiso de las instituciones de educación superior —IES— trascienda hacia la formulación de políticas públicas de cultura para dicho sector, que reconozcan esos desafíos e instalen las universidades del país como actores culturales de primer orden, de cara a la solución de las problemáticas del desarrollo de los territorios en los que se inscriben, la formación de nuevas ciudadanías, sustentadas en el sentido de respeto y valoración de los derechos culturales como antesala para la construcción cotidiana de un mundo incluyente, en equidad y coexistencia pacífica.