
Cada territorio está tejido por el tránsito de múltiples formas de vida, historias y voces que lo sostienen. Óxido de hierro es una trama de este tipo, armada pacientemente entre cuerpos humanos y más que humanos, a partir de sus encuentros y visiones. Estos seres amplían y despliegan el imaginario en torno a la serranía de La Lindosa y el complejo guayanés de tepuyes, lugares sagrados de la selva amazónica. A través de varios registros —poesía, diario de campo, trazo—, la escritura de Rosario López se expande y contrae, elástica, abarcando con su materia un amplio horizonte de imágenes e intensas emociones, donde la piedra, la murciélaga y el óxido también hablan.