
«La noche en los ojos» se abre con el asombro de un niño ante el espectáculo de la noche cerrada en las montañas. De ese primer asombro nacen estas crónicas: caminos hacia las tierras amazónicas, encuentros y desencuentros permeados por el humor del territorio y la memoria de olores de ceniza, masa de yuca y sudor de tabaco. A ras del suelo, sentado en cuclillas, el autor va revelando un mundo en el que se escuchan otras lenguas, resuenan los cantos y, en cada rincón, asoman los espíritus.