
La escritura no es la transferencia de pensamientos o mensajes de una mente a otra, sino la integración contextualizada de las actividades humanas a través de signos. El autor distingue tres factores principales en esta forma de comunicación: el biomecánico de las capacidades fisiológicas y psicológicas, el macrosocial de las prácticas culturales y los marcos institucionales y el circunstancial del contexto comunicacional y de las actividades reales implicadas en éste.
Harris entiende la escritura como un modo de comunicación independiente, basado en el uso de relaciones espaciales para conectar eventos separados en el tiempo. Por eso, los principios de la escritura verbal se pueden aplicar a textos de cualquier tipo, desde sonetos, partituras de sinfonías, la firma en un cheque o los anuncios comerciales. Además, estos principios son válidos a lo largo de la historia, desde los jeroglíficos hasta los hipertextos.
Las estrategias y la versatilidad del ser humano para crear signos, no son subsidiarias de la psicología empírica, como sostuvieron Saussure y Peirce, sino que tienen su propia lógica.