
La lectura de estas páginas arroja sobre nuestros hombros un grave compromiso. Lo primero es decir que sí, que en efecto hemos olvidado estos hombres, y antes que a ellos el estudio de sus realizaciones. Lo segundo es convenir que su ejemplo y su historia deben ser rescatados. Preguntarnos por qué sus obras no se conocen y no gozan ni siquiera del mediano honor oficial de una reedición en rústica. Preguntarnos por qué no existe una cátedra universitaria al respecto. Por qué Santander no recuerda su antigua grandeza de pueblo importante encarnada en estos nombres ilustres. Lo otro que nos dicen estas páginas es que sólo habrá un camino para salir del ensimismamiento letal, y es retomar de nuevo la cultura, repasar la historia, evocar los manes paternos. Ello nos hará sentirnos otra vez grandes y atrevidos. Ese es el papel que vienen a cumplir, ese es el mensaje que traen, esa es la utilidad innata de estas páginas de Otto Morales Benítez, el homenaje a nuestra raza de este colombiano ilustre, quien en razón de sus estudios profundos conoce mejor que nadie la enorme falta que hace el espíritu afirmativo y osado, pero también penetrante y juicioso de los santandereanos en la actual coyuntura histórica de Colombia.